lunes, 18 de marzo de 2013

La responsabilidad Política del paraguayo


 
El hombre por naturaleza es un ser político, solo que adquiere la capacidad legal de participar en el sufragio cuando es adulto, cuando la ley presume que su razonamiento es libre. A veces los varones y mujeres jóvenes de esta república en un alto porcentaje son reacios en admitir la realidad; siendo la causa, su poca formación cívica que debe darse desde el inicio de la educación, y tengo tres hipótesis respecto a esto: la primera, la educación del hogar: una persona adquiere conocimiento y patrones de conducta en el entorno familiar, actuando según el modelo de la casa; la segunda hipótesis: lo que recibe en las instituciones escolares, las teorías, ideologías, nuevas formas de conducta social, en un modelo educativo organizado por el Estado  que no siempre pretende un libre pensamiento o no realiza una buena labor para ampliar la visión social e sus estudiantes. Y la tercera hipótesis es la autoformación, la que habita en la misma persona, mientras se esté vivo uno nunca deja de aprender, son las elecciones de las personas que deciden su bien o su mal, aunque a veces pasa que ignoramos las malas elecciones hasta que vemos las consecuencias ignorándolas en un principio, en definitivas, uno decide si practicar o no lo que aprende.

Una de nuestra responsabilidades es la participación en la vida política del país, nosotros tenemos que ejercer la soberanía, la misma Carta Magna lo estipula, aun más estando en un sistema democrático, podemos elegir a los gobernantes, a los legisladores, además el pueblo puede declararse en rebeldía en caso de una mala elección del gobierno.

Un país avanza o se atrasa por la situación en que se encuentra su pueblo, según como el pueblo permite la utilización de los recursos. Si el estado cae en malas manaos, es la gente quién decide si callar y aceptar o defender su futuro.

Aquí, se participe o no n las elecciones, eres responsable de nuestro quehacer político, responsables del destino de este barco, todos dirigimos el timón de la república.

Si te interesa tu familia, luchas por tu patria, es donde vive tu familia.

En estos tiempos tenemos que ser patritas, no importa el color de tu ideologías, lo que importa es Paraguay, debes ser cauto en elegir al poner tu voto en la urna.

Autor: Adam Benítez 2° Derecho.

domingo, 3 de marzo de 2013

Los valores




No es difícil conocer la salud moral de un pueblo, ni predecir su futuro, cuando se conoce los valores que gobiernan sus vidas. H. Queirón.

Ciertamente, una sociedad que sobrevive en la oscura realidad de una decadencia de valores morales y éticos no es ya augurio de un final, sino la ruina.

A lo largo de la historia naciones enteras han sobrevivido gracias a valores que escapan de lo material para formar parte de lo espiritual, de la esencia, del hacer y del sentir colectivo, como el Paraguay, por ejemplo, una nación patriota y orgullosa que se ha enfrentado a enemigos superiores en estrategia y armamento únicamente con valentía, con fe y un toque de locura para salvaguardar el valor del orgullo de ser “nación libre”.

Una sociedad en la que “los valores no valen” es una sociedad que deja de escribir su historia y que al mismo tiempo la desmiente, la vuelve duda y la borra lentamente, porque ya deja de ser importante andar con la frente en alto y el paso firme del orgullo sano para entregarse a los mejores postores cambiando varas de madera por tesoros invaluables.

Existen valores  que no son solo formas sociales de conducirse, sino que son pilares del relacionamiento en la vida cotidiana, como el respeto al otro, la responsabilidad, la honestidad, la paciencia y el compañerismo, valores que nos recuerdan nuestra naturaleza de animales sociales y que nos permiten forjar una vida social más firme con y mediante los demás. Pues sería absurdo pretender que no necesitamos ser respetados, que no necesitamos que las demás personas cumplan con sus responsabilidades, que no necesitamos poder confiar en la honestidad del otro, que no necesitamos que nos tengan paciencia, que podemos hacerlo todo sin ayuda, sin un equipo, sin compañeros.

Como lo expresa Queirón, una nación sin esencia moral es una nación que camina sin un paso firme, sin un norte cierto, es una nación que deja de ser unidad para convertirse en una manada en la que sobreviven los más fuertes. Nuestro país hoy es una nación en la que el porcentaje de habitantes jóvenes es mayor que el de otras franjas etarias, lo que nos lleva a reconocer que los valores presentes en la juventud, son los valores que formarán a las próximas generaciones, son los valores que dirán qué tipo de personas son y qué esperar de ellas. Tal vez caminando, observando y oyendo a los jóvenes descubramos hacia dónde camina el Paraguay.    

Autor: Henry Chávez 2° Psicopedagogía.