El poder por sí mismo no es ni bueno ni malo… son las acciones que ejecutamos usándolo las que definen su moralidad…
Aquellos que acceden a él lo manejan de una forma muy correcta y auto limitada a veces, otras con un total despotismo, y con una bastante quebrada memoria a cerca del cómo llegaron a estar donde están.
Estamos a días de las elecciones generales, hay muchas personas que piensan, en que sus votos no son necesarios, en que no importan si votan o no, creen que porque no se les exige, está bien que no lo hagan; otros a su vez se quejan de que nadie va a buscarlos a sus casas el día de las elecciones o de porqué a ellos nadie les ofrece dinero por sus cédulas… solía estimar a esos pensamientos como increíbles, como tontos rumores, pero conforme pasaron los años y creció mi entendimiento, hoy me parecen tan creíbles como lamentablemente comunes.
También hay personas que quizá no comprenden con exactitud el valor de su voto, pero aún así acuden a cada ocasión en el que el país, la nación entera o su municipio así lo precisen… ¿pero en general, por qué existe tanta apatía a la hora de votar, es que acaso no entendemos la magnitud de lo que implican los efectos de tan importante acto cívico?, ¿es el nivel económico? ¿Será la ignorancia? ¿Será la costumbre? Definitivamente una mezcla de todo eso.
El próximo domingo, 21 de abril de 2013 iré a votar, lo haré para pisotear a la indiferencia, para votar pensando en aquellos que no lo pueden hacer, no votaré juzgando los pasados de los candidatos, elegiré a aquel a quien crea digno de mi confianza, a esa persona que no pierda su tiempo criticando a los demás sino ocupándose de lo verdaderamente importante, a aquella persona que no me prometa salud y educación mientras ahoga al medio ambiente y empapela las calles con sus afiches y propagandas proselitistas, que como de costumbre no serán retirados sin importar quien gane o pierda; necesito a alguien preparado/a pero como persona, como ser humano, no sólo como supuesto político, sino como alguien que busque la verdad.
Lo cierto es que no dejaré que otros decidan por mi futuro, lo haré yo, y así no me decida por nadie, de todos modos votaré, aunque sea en blanco…
Yo pienso votar, no sólo porque me empadroné, sino más bien porque pienso que es ahí, justo en ese preciso momento en el que absolutamente nadie tiene más ni menos poder que yo, es en ese instante el que todos los paraguayos/as somos perfectamente iguales en el ejercicio de nuestros derechos, y cada uno de esos fragmentos de decisiones serán los que van a ejecutar y permitir otorgarle a alguien más un poder especial, para gobernar, un poder que como elemento de este Estado produzca efectivamente el verdadero motivo de existir de la política, es decir, su finalidad: el BIEN COMÚN.
Elva Álvarez 3° Derecho
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