Cuando un estudiante entra en la facultad debe saber, como todo el resto lo
debería, que el estudio es un cuartel que prepara para el resto de una lucha
que cada persona escoge a su rival y en qué lugar residir esa batalla, aunque
en conscientemente no se percaten.
Cada batalla, obstáculo o exámenes, son pruebas que testifican
nuestras virtudes y defectos. Es decir,
en cada batalla que se gane o pierda, ahí se nota las virtudes que engrandecen
a los victoriosos, o salvan una situación penosa en una derrota.
En una derrota, lo que se gana es experiencia, esa experiencia debe
introducirse en el saber. Se supone que el hombre en tema de filosofía aprende
en su vida de manera “a priori”, es
decir, por razón y experiencia.
Este cuartel especial te da dos clases de pertrechos, una es la práctica, que
será el escudo y al espada, y la otra la sabiduría, en este caso al armadura, pero que no es para
defender una integridad, sino más bien con el objeto de brillar, la sabiduría
es luz, esa misma luz es lo que intenta cada docente incentiva en la mente de
sus estudiantes, esa iluminación no solo debe como un archivo de memoria
personal, sino como auxilio en la creatividad. La práctica es el conocimiento
exteriorizado para las circunstancias, claro, que ocurre dentro de un espacio
en el que sean aplicables ésas técnicas.
Un sueño, una meta, es una lucha, es para toda la vida, aunque interrumpida
por treguas, se sigue luchando, y no hay descanso. Se batalla sacrificando algo
para gozar otros beneficios, esta última palabra muchas personas lo
buscan. Sacrificios no significa perder,
es aprender a andar en la vida.
Una lucha que jamás termina, se propone para el propio perjuicio o para
preparar una gran victoria si se sabe aprovechar las virtudes que cada uno posee.
Autor: Adam Benítez. 1° año de Derecho

