No es difícil conocer la salud moral de un pueblo,
ni predecir su futuro, cuando se conoce los valores que gobiernan sus vidas. H.
Queirón.
Ciertamente, una sociedad que sobrevive en la
oscura realidad de una decadencia de valores morales y éticos no es ya augurio
de un final, sino la ruina.
A lo largo de la historia naciones enteras han
sobrevivido gracias a valores que escapan de lo material para formar parte de
lo espiritual, de la esencia, del hacer y del sentir colectivo, como el
Paraguay, por ejemplo, una nación patriota y orgullosa que se ha enfrentado a enemigos
superiores en estrategia y armamento únicamente con valentía, con fe y un toque
de locura para salvaguardar el valor del orgullo de ser “nación libre”.
Una sociedad en la que “los valores no valen” es
una sociedad que deja de escribir su historia y que al mismo tiempo la desmiente,
la vuelve duda y la borra lentamente, porque ya deja de ser importante andar
con la frente en alto y el paso firme del orgullo sano para entregarse a los
mejores postores cambiando varas de madera por tesoros invaluables.
Existen valores que no son solo formas sociales de conducirse,
sino que son pilares del relacionamiento en la vida cotidiana, como el respeto
al otro, la responsabilidad, la honestidad, la paciencia y el compañerismo,
valores que nos recuerdan nuestra naturaleza de animales sociales y que nos
permiten forjar una vida social más firme con y mediante los demás. Pues sería
absurdo pretender que no necesitamos ser respetados, que no necesitamos que las
demás personas cumplan con sus responsabilidades, que no necesitamos poder
confiar en la honestidad del otro, que no necesitamos que nos tengan paciencia,
que podemos hacerlo todo sin ayuda, sin un equipo, sin compañeros.
Como lo expresa Queirón, una nación sin esencia moral
es una nación que camina sin un paso firme, sin un norte cierto, es una nación
que deja de ser unidad para convertirse en una manada en la que sobreviven los
más fuertes. Nuestro país hoy es una nación en la que el porcentaje de habitantes
jóvenes es mayor que el de otras franjas etarias, lo que nos lleva a reconocer
que los valores presentes en la juventud, son los valores que formarán a las
próximas generaciones, son los valores que dirán qué tipo de personas son y qué
esperar de ellas. Tal vez caminando,
observando y oyendo a los jóvenes descubramos hacia dónde camina el Paraguay.
Autor: Henry Chávez 2° Psicopedagogía.

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