<< "La libertad es el derecho que tienen las personas de
actuar libremente, pensar y hablar sin hipocresía">>
José Martí (1853-1895) político republicano democrático, pensador, periodista, filósofo y poeta cubano de origen español
Somos
tan diferentes, mas el hecho de que existan las diferencias es lo que nos hace
ser irónicamente iguales; somos tan humanos, tan perfectamente imperfectos,
cometemos de manera sencilla y acertada tantos errores y aun así tontamente nos
creemos superiores a nuestros
semejantes, como si lo importante fuera ser siempre el mejor, como si el resto
de las personas no tuvieran necesidades, como si no sintieran dolores tan
profundos como los nuestros.
Los
golpes de la vida no son casualidad, los maltratos, las vicisitudes en general
siempre tienen un porqué de ser; cada paso que damos de forma tan natural como
inconsciente, cada razonamiento que hacemos,
tiene una finalidad, escape o no a nuestro entender;
tanto
dependemos de nuestro entorno que a veces somos capaces de rogar a gritos desde
nuestro interior, que nos presten un poco de atención, un poco de afecto, de
cariño, de comprensión; mientras escondemos esa necesidad detrás de
comportamientos extraños, agresivos, degradantes o incluso sínicos; así las
mentiras cobran vida, la hipocresía florece, carcome el alma de quien la
hospeda, destruye su entorno y va atormentando a su pobre portador quien, con
los ojos vendados, va construyendo su propio muro contra la realidad, se siente
atacado y desvalorizado, una víctima en verdad no sólo de sí misma sino de la
indiferencia de quienes más que poder, deben ayudarla.
Pero,
¿Qué tan buenos somos como para llamar al otro malo?, ¿qué tanto colaborarnos
de vez en cuando para guiar a quien se ha perdido?... ¿por qué si todos somos
tan frágiles como maleables, creemos que todo terminará hundido?
Lo
que perdemos es la fe, esa esperanza de mejorar las cosas, de participar en la
reformación de quienes se han equivocado, se perdió el amor y el respeto por la
vida misma, el sentimiento que nace cuando ves sufrir a alguien, en especial de
aquel que te odia, porque al odiarte va hiriéndose de muerte a sí mismo,
ahogándose en su propio ramalazo.
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